Críticas de Cine. ‘Corazones de Acero’: maldita guerra

Póster en español de la película Corazones de Acero (Fury)

Abril de 1945. Al mando del veterano sargento Wardaddy, una brigada de cinco soldados americanos a bordo de un tanque -el Fury- ha de luchar contra un ejército nazi al borde de la desesperación, pues los alemanes saben que su derrota estaba ya cantada por aquel entonces.

Hay dos películas en el último trabajo de David Ayer.

Por un lado, la gran propuesta de acción, vigorosa y con garra; por otro, el drama de los soldados envueltos en una terrible guerra.

En la primera vertiente, ‘Corazones de Acero’ funciona a la perfección: Ayer se saca de la manga unas cuantas batallas de tremendo impacto visual, en un clima bélico agobiante, imposible y descorazonador que casi podemos sentir.

En la segunda vertiente (el punto débil en todos sus trabajos cinematográficos), el director no da la talla.

Pese a la acertada elección de actores (con Brad Pitt a la cabeza, haciendo gala de su carismática madurez), donde destaca el joven Logan Lerman (que da una muestra más de su poderío interpretativo fuera de la Saga juvenil de Percy Jackson), los personajes no escapan del trazo grueso.

El afán de Ayer por despojar de todo aire Hollywoodense a la película, recreándose en la crudeza de la maldita guerra, lastra el desarrollo emocional de los tripulantes del Fury: se podía sacar mucho más jugo a la involución que el conflicto armado de todos los conflictos ocasionó en los soldados, los desplazados… erosionando su humanidad día tras día.

Cierto es que la película no carece de tensas (y frías) escenas de personajes (la comida ‘familiar’ de la tropa con las mujeres alemanas, el bautismo de fuego del joven soldado…), pero nunca llega a tocarnos la fibra sensible más allá del asco que, consciente e inconscientemente, nos produce ver cómo nos matamos unos a otros.

Cualquier pasaje de ‘Salvar al Soldado Ryan’, nos cala mucho más hondo que las dos horas de metraje de ‘Corazones de Acero’.

La mejor película de David Ayer hasta el momento, sin duda. El intento de un director con enorme potencial en desarrollo de hacer la gran película de la segunda Guerra Mundial para el siglo XXI.

Lástima que se quede en el intento.

Lo mejor: el ritmo, la impecable factura y las escenas de acción, aunque algunas sean del todo inverosímiles.

Lo peor: los personajes. Fríos como el acero.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

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