Críticas de Cine: 'Cómo entrenar a tu Dragón 2': épica

 

 En la isla Mema, la vida es tranquila. Astrid, Rustik, Varek, Kranedur y Kognedur se enfrentan en carreras de dragones; mientras tanto, Harold y Krokmou, amigos inseparables, surcan los cielos en busca de nuevos territorios que conquistar. En una de sus aventuras, descubren una gruta secreta que alberga cientos de dragones salvajes, protegidos por un misterioso personaje. 

Dreamworks Animation, compañía surgida tras el boom iniciado por la todopoderosa Pixar, sorprendió a propios y extraños con' Cómo entrenar a tu Dragón', la primera con identidad propia, capaz de rivalizar en calidad (tanto técnica como artística) con la casa de la lamparita.

La segunda entrega estaba, pues, cantada. 'Cómo entrenar a tu Dragón 2' cumple con todos los mandamientos de una secuela: más larga, más grande, más intensa e impresionante.

Más, más y más.

Sin embargo, estamos de enhorabuena porque la segunda aventura de Hipo y Desdentao (algo poco común en el Blockbuster actual de Hollywwod) tiene, también, una gran historia.

El épico envoltorio (que alcanza momentos de excelencia en el encuentro de Hipo y Vala o la presentación del villano) esconde una bellísima película de personajes, lo suficientemente bien dibujados como para resultar interesantes.

Los que ya conocimos en la primera entrega permanecen igual o se desarrollan lo suficiente. Los nuevos añaden un soplo de aire fresco, abriendo camino a las películas venideras.

Los protagonistas principales sí sufren una gran transformación: Hipo personifica la génesis de otra clase de héroe y líder para la Isla Mema, madurando ante los temibles acontecimientos; Desdentao manifiesta por qué es el Rey de los dragones; Estoico cede el testigo como sólo un gran Jefe puede hacerlo.

La película sigue la senda de su predecesora, superándola en ocasiones, puliendo el mensaje de convivencia, lealtad, paz, armonía y segundas oportunidades.

En lo referente a la franquicia de fuego y escamas, Dreamworks no tiene nada que envidiarle a Pixar... ni a nadie.

La increíble belleza visual pone la guinda a un pastel que no pueden dejar de paladear.

No se la pierdan.

Lo mejor: no descuida la historia.

Lo peor: que Dreamworks no siga el mismo ejemplo en todas sus películas animadas.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

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