Críticas de Cine: ‘The purge (La noche de las bestias)’: quedarse a medias


El crimen se ha desatado en E.E.U.U., sus cárceles están llenas y el gobierno no puede con tanta delincuencia. Se ha decretado que una noche al año, cualquier acto delictivo está permitido sin que intervengan las fuerzas del orden, de manera que los ciudadanos deben de cuidar de sí mismos. Durante una noche plagada de violencia, un hombre pide ayuda en la casa de James Sandin, padre de familia corriente que debe decidir si prestarle auxilio o respetar la decisión del Gobierno de no intervenir.
De vez en cuando el Cine contemporáneo se saca de la manga una idea original, que vale su peso en oro.
Cuando algo tan raro ocurre, cómo pulir ese diamante en bruto pasa a ser primordial.
En ‘The purge (La noche de las bestias)’, el Director James DeMonaco tiene en su cocina todos los ingredientes principales para elaborar el mejor de los guisos: gran historia, reparto de lujo y una producción cuidada.
El thriller con mayúsculas está servido.
Pero, en lugar de responder a las altas expectativas y adentrarse en los entresijos de una Sociedad escindida, decadente, podrida y enferma, DeMonaco prefiere contarnos una historia de incursiones en casas de locos con caretas.
Demasiado ruido, demasiados sustos previsibles… el exceso de convencionalismos echa por tierra una premisa escalofriante, prometedora y merecedora de vuelos más altos.
El mero hecho de que una corporación carente de escrúpulos domine un País, que deja que una noche al año todos se comporten como las bestias que son (que somos), debería bastar para que DeMonaco nos pusiera los pelos como escarpias, nos hiciera sentir claustrofobia y unas ganas locas de acabar ya con el sufrimiento de los pobres asediados y sus dilemas morales y, además, radiografiar la Sociedad dando unas cuantas lecciones de cómo el ser humano es el mayor borrego que existe en manos de gente sin escrúpulos.
Al final, el desarrollo de la acción consigue que el desenlace pierda credibilidad y ‘The purge’ no pase de una cinta divertida y entretenida, donde el Director sabe crear los ambientes pero se pierde en la magnitud de su propia idea. ´
Aquí el problema se llama James DeMonaco.
Una lástima. Con una ejecución diferente, estaríamos ante la película del año.
Lo mejor: DeMonaco sabe crear tensión.
Lo peor: desperdiciar oro puro sepultándolo bajo clichés.
Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

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